miércoles, 4 de mayo de 2011

EL PROCESO DE TRANSICIÓN ESCOLAR EN LOS GRADOS

Cada pasó que damos como docentes nos ayuda a descubrir nuevas cualidades y enfrentar retos que esperamos cumplir. Para este año 2011 recibo por primera vez la labor académica de enseñar en los grados sextos; los cuales como se verá a continuación necesitan un continuo acompañamiento dado que la transición de la primaria al bachillerato causa diversos comportamientos que no solo influyen en la parte disciplinaria sino afectan también el aspecto académico de los estudiantes.
Si bien es cierto, la ocupación principal de los niños en primaria es jugar y las clases se desarrollan en espacios adecuados que permiten a los estudiantes canalizar las energías propias de su edad; no obstante, con la llegada al bachillerato el pre-adolescente se enfrenta a una transición no solo desde lo individual sino desde un nuevo colectivo. “El púber, al aproximarse a la adolescencia, siente la necesidad de adoptar nuevas formas de relación con el entorno. Ante todo advierte que necesita definir urgentemente su propia identidad, aprender a pensar y a actuar por sí solo. Durante este proceso de afirmación personal, los conflictos con los demás compañeros y los adultos.” Por consiguiente, no es gratuito que dentro del aula de clase se manifiesten juegos de mucho roce, en el cual los estudiantes buscan consolidarse como sujetos y jugar un rol que le permita identificarse dentro del aula de clase; se comienzan a vislumbran los lideres que imponen la fuerza por encima del desarrollo cognoscitivo.
Es innegable la afirmación de la personalidad en esta transición de la edad escolar al bachillerato, por tanto en muchos momentos es evidente la inestabilidad. El niño entra en un periodo de gran actividad principalmente afectiva porque comienza a ser consciente de que la euforia y alegría deberán convivir con otros momentos de debilidad y depresión, por tal razón no es ajeno que dentro del aula de clase encontremos estudiantes que se muestran algunos días agresivos, luego entusiasta, melancólicos y después extremadamente extrovertidos; esta inestabilidad o variabilidad en su aspecto afectivo se agrava más cuando el proceso de adaptación de la escuela al bachillerato no tiene un acompañamiento positivo tanto del lado del maestro como de los padres.
Los Padres y la familia son fundamentales en este proceso de transición ya que se hace necesaria la determinación de horarios y reglas básicas para el refuerzo del conocimiento y el aspecto disciplinario al ser éstos los pilares fundamentales de la convivencia escolar. El estudiante debe entrar en un proceso de autocontrol de su comportamiento puesto que en el bachillerato se deja de lado la relación maternal maestro – alumno y se da paso a posturas más independientes frente a las decisiones del estudiante. Si bien es cierto los niños de esta edad adoptan una actitud más crítica ante sus padres empezando a reconocer sus cualidades y defectos por lo general sus sentimientos hacia ellos continúan siendo de máxima lealtad, identificándose a su vez con el grupo familiar buscando compañía y protección, es allí donde los padres deben buscar ese acercamiento y proponer estrategias efectivas para la adquisición de las responsabilidad escolar y autorregulación.
Por otro lado, el papel de los docentes de grado sexto es hacer que la escuela no se presente como un lugar monótono y estático, en la planeación de cada una de las clases intentar que se incluyan actividades lúdicas que incentiven la competencia académica por encima de la fortaleza física para mostrarle otro tipo de poder y afianzamiento de su rol escolar dentro del grupo. Es importante, de igual forma, que los docentes se coordinen para evitar la sobrecarga escolar, es decir, que los estudiantes no se colmen de trabajos de todas las aéreas ya que esto genera stress en los niños y puede causar un desinterés por lo académico. Por último se evidencia la necesidad de una jornada de convivencia, ya que esto permitiría que cada niño pueda mostrar sus habilidades y desarrollar nuevas potencialidades que normalmente en la vida escolar no manifiesta; además de reforzar los valores del respeto, responsabilidad y tolerancia puesto que se evidencia una falla o ausencia en muchos estudiantes.



SANDRA LÓPEZ MENDOZA
DOCENTE DE LENGUA CASTELLANA.


1. Pedagogía y Psicología infantil ( Pubertad y adolescencia)
Ed. 2005 Página 127.

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